lunes, 15 de diciembre de 2014

Me emociono, luego existo.

En los siglos XVII y XVIII, en Europa occidental se desarrollo una corriente filosófica formulada por René Descartes, llamada Racionalismo, la cual acentuaba el papel de la razón en la adquisición de conocimiento, frente a la experiencia y percepción.

“Pienso luego existo” o en una traducción más literal, “pienso, por lo tanto existo”, es lo que llamaríamos ahora el “slogan” que recoge la esencia de dicha corriente.

Descartes ya fue denunciado en su época por plagio entre otros por Pierre Daniel Huet, pues parece ser que su afirmación de “cogito, ergo sum” era tan exacta como la de Gómez Pereira. Una especie de  “copy and paste” de la época.

En contraste al racionalismo, el empirismo defendía que el conocimiento provenía de las experiencias y precepciones. Teoría seguida por Aristóteles, Locke, Hume o Santo Tomás.

El término racionalista tiene un significado muy amplio y se entiende como toda posición filosófica que defiende el uso de la razón frente a otras instancias.

Así que racionalista es aquella persona que coloca la razón por encima de las emociones y sentimientos (RAE).

Casi 4 siglos más tarde, las emociones vuelven a ocupar el lugar que le corresponden.

Gracias al desarrollo de la tecnología, podemos conocer cada vez más en profundidad como funciona nuestro cerebro, los miedos, fobias, la reacción ante los estímulos externos…

Y empezamos a descubrir o redescubrir, la importancia de la emociones y sentimientos para el ser humano, que parece ser no es tan racional como se suponía.

Ya he comentado en otras ocasiones que el más 85% de las decisiones de compra son emocionales, no racionales y que después utilizamos el razonamiento para tranquilizarnos y justificar nuestras decisiones.

Necesitamos una justificación racional a todos nuestros actos, ya que la irracionalidad esta “mal vista”.

Empezamos a entender la importancia de la intuición y de por qué esta generalmente “acierta”, ya que se basa en la experiencia vivida. Al menos esos son los resultados de la investigación del profesor Marius Usher, que corroboró que el 90% de las ocasiones, el instinto acertaba, en una investigación desarrollada en la universidad de Tel Aviv.

Antonio Damasio, profesor de Psicología, Neurociencia y Neurología, en la Universidad del Sur de California, y que dirige el Instituto para el estudio neurológico de la emoción y creatividad, de  plantea que los sentimientos, lejos de ser unos intrusos en los procesos de razonamiento, se encuentran entrelazados con estos, y determinados aspectos del proceso de  la emoción y sentimientos son indispensables para la racionalidad.

“Lo racional genera conclusiones, lo emocional genera acciones”

La neurociencia, la gestión de la experiencia del cliente, marketing experiencial, el neuromárketing… todos aparecidos este siglo recién estrenado, o cuando menos, se están haciendo más eco, ponen el foco en el individuo, ser humano consumidor, dependiendo de la rama desde que se haga la aproximación, como ser emocional.

Así que, la ciencia, tecnología e investigaciones, le están dando una dimensión a ser humano en su conjunto, rompiendo con la premisa de ser racional.

Los sentimientos actúan como una especie de sensores del encaje (o desencaje) entre naturaleza y circunstancia. ¿Nunca has sentido al tomar una decisión, por muy racional que esta fuera, si estaba bien o mal? ¿Qué era como cuando arañas una pizarra (si te dan escalofríos al oírlo, claro)?

 La intuición, la emoción, los sentimientos y la inteligencia emocional, empatía, son los “nuevos valores” a desarrollar y re/conocer,  en nuestra era.

Y es que como decía Blasie Pascal “el corazón tiene razones que la razón no entiende”.

Tal vez porque no se para a escucharlo.

Trabajes en la disciplina que trabajes, ventas, rrhh (ahora creo que ya es gestión de talento) marketing, atención al cliente, educación… verás como todas empiezan a orientarse hacia el conocimiento y gestión de las emociones.

Hablamos de negociación emocional, marketing sensorial, emocional, experimental, venta emocional o por impulso, inteligencia emocional, educación emocional…

Por un lado, me parece muy interesante que todas estas corrientes, es que no van hacia la polaridad de descartar la racionalidad, si no que son más integradoras, entendiendo emociones, razón, sentimientos, como un conjunto, como dice Antonio Damasio, entrelazados, de tal manera que funcionan conjuntamente.

La otra parte, es que recuperamos una gran parte de lo que somos. ¿Cuantas conductas del ser humano se podrían justificar actualmente desde la razón?


Y es que como me describo en bio “Soy todo lo racional que mis emociones me permiten serlo”